miércoles, 5 de octubre de 2016

“Tú me tocas, yo tiemblo…”


Quiero escuchar música nueva, quiero leer, quiero volver a escribir. Anhelo tantas cosas en este momento y la vez nada. Quiero dormir y a la vez quiero vivir.

Siempre termino escribiendo referente a la vida, al tiempo como todo cambia tan rápido y tan lento al mismo tiempo que de que otra cosa he de escribir. Puedo decir con certeza que no soy la misma de hace cuatro años, cuando tenía dieciocho y era una joven inocente en un mundo de nubes rosas donde todo era felicidad. Ni soy la desmadrosa ingenua que le valía la vida hace dos años. Tampoco puedo decir que soy responsable, puntual y recta, porque no son cualidades que tenga en este momento, simplemente cambie, no se ha qué pero cambie.

Siempre decimos que las cosas materiales no valen, pero si lo hacen. No me refiero al valor monetario que decae al momento de compra, más bien al valor agregado que le damos nosotros. Esos recuerdos, sentimientos y personas que guardamos en lo material, no esta tan mal, pero lo malo sobreviene cuando se pierde, ya que se lamenta ese valor agregado que se le dio y no el dinero perdido como muchos piensan. Se llora por todo lo que se tiene miedo a olvidar, sin tener algo presente que tocar y sentir que nos lo recuerde.  Así que en resumen este año perdí muchas cosas y de las que menos dolieron fueron las monetarias.

Cuando tienes ciertas cosas, esas te dan poder, en cierta manera así se maneja el capitalismo, y uno tiene auto, dinero, ropa, planes, viajes…etc. Y se siente dueño del mundo, que todo saldrá de acuerdo al plan, que toda va bien…, y te dicen que es así, y lo peor del caso es que tú te lo crees. Ah como es uno ingenuo en la vida, así que la vida misma se encarga de demostrarte que así no se manejan las cosas. Tampoco se te comunica que cuando crees todo perdido, lo único que creías constante en tu vida, lo que en cierta manera piensas que nunca te abandonará, los incondicionales, esos seres que dicen ser tus amigos. Lo hacen. Y claro que duele y duele mucho, pero pues la vida sigue, el tiempo no se detiene y hay que seguir adelante. Pero bueno, dejare de ser tan melodramática y dejar de lamentarme por personas que no valen la pena.

Hace algunos meses que no leo un libro completo, tengo muchos por leer, los empiezo, pero nunca los termino y no sé por qué ocurre eso, si es uno de los placeres que más disfruto. He empezado uno y espero terminarlo, a ver qué sucede.

En mi ex cuarto en casa de mi abuela encontré una carpeta con hojas viejas de cuaderno, un poco amarillentas y con la tinta desgastada, cuál fue mi sorpresa al percatarme de que eran escritos de una fananina más joven, más inocente y ¿por qué no? más estúpida, sentí una melancolía por aquella chiquilla que podía escribir en cualquier lado. Le echo de menos.

“Después de mil sueños, mi corazón sigue latiendo, las tantas ilusiones cuando niño se van desvaneciendo, como el hielo en verano. Lo bello y hermoso del momento se va extinguiendo en un breve pero funesto instante.

Las marañas de la vida te sorprenden por ser tan débiles y escasas. La luz es hermosa pero dolorosa, todo es luz y oscuridad, en este vasto mundo.

La inexistencia del equilibro hace que todo sea real, no hay más que la vida y la vida algún día se va.
Las marañas desaparecen y al final solo quedan residuos de dolor, dolor y agonía. Por el pasado que fue y que no volverá a ser.”

Esas pequeñas líneas entre comillas (citándome a mí misma, claro) fue escrito por una fananina más joven a las 8:05 de la mañana de un viernes 11 de febrero del 2011.

Y pues al parecer no sé dónde quedo la chica que escribía cosas interesantes, solo quedó un cascarón vacío de lo que un día fue.

Para ser lo primero que escribo después de tantos meses, espero que no sea tan soso y aburrido, espero que esto vaya mejorando.
Al final de esto, si se preguntan por qué el título no tiene nada que ver con el texto, es porque estaba escuchando esa canción en el preciso instante que comencé a escribir.

martes, 17 de febrero de 2015

Horas




Los días pasan rápidamente, siento que estoy navegando sin un rumbo fijo, y me gusta, me gusta sentir esa libertad, no sentir ataduras, ser totalmente libre y feliz.

Las horas han cambiado, mi rutina ha muerto, cada día es una nueva experiencia, cada amanecer es fresco. No hay horas de llegada, no hay horas de partir, no hay un horario fijo y estricto, no hay nada que seguir.

Los días no significan nada, sin importar si es lunes o viernes se disfrutan igual, en  compañía de mis amigos y en compañía de mi soledad.

Ya me aburrí del tedio, de la tranquilidad. De perseguir mierdas que todo el mundo sigue. De continuar mi vida como cuando andamos por un camino que impusimos nosotros mismos a capricho de la sociedad. Cuanto andamos vagabundeando por algo que creemos lo mejor. Y no.

Nos equivocamos. Al andar caminos andados, al seguir una senda pisoteada por tantos y comprendemos que es algo  aburrido y escrupuloso.

Mejor es tomar lo incierto, no seguir, mejor hacer nuestro propio camino, dificultar con la maraña de espinas, flores y mierda que encontremos, descubrir lo bello que hay después de dejar tanto polvo atrás. El amanecer es para mirarlo, no para soñarlo. Asa es la vida, es para vivirla, no para soñarla.

Aprendí que tengo que cometer tantos errores como tanto quiera conocer, las personas llegan, se quedan, viven, respiran contigo. Son parte de ti, son parte de vivir.

Muchas veces el camino que queremos continuar se vuelve doloroso, hiriente, te saca llagas punzantes y ya no quieres andar, pero debes de aprender que hay que parar, descansar un momento y continuar, nunca deshacer el camino andado. Las heridas sanan.

Tic, tac. Se dice que el tiempo es lo más preciado que tenemos y por ello mismo no se debe de desperdiciar. Pero, el tiempo, ese goteo constante de vida derramándose es lo que más se debe de desperdiciar.

Hay que perder tiempo y mucho, es tanto y tan poco el tiempo que se nos ofrece, que no debemos dudar en ningún momento de su desperdicio.

Hay que despilfarrarlo a caudales con amigos, con familia, con un buen libro, conduciendo, haciendo 
cosas apasionantes y llenas de vida. Porque así al perder el tiempo en ello, te darás cuenta,  ya cuando tu piel muestre unas arrugas y tu cabello sea blanco, que todo ese tiempo malgastado en tonterías, era en realidad tú, viviendo.


Vivir para morir, eso es lo que hacemos sin darnos cuenta, a todos nos llega nuestra hora a todos nos tocará pudrirnos bajo tierra y que mejor que estar consciente de ello, para así disfrutar esas horas perdidas, de esas horas malgastadas en las que te dedicaste a vivir.

lunes, 19 de enero de 2015

¿Qué me ha pasado?


¿Qué me ha pasado? Porque tengo tanto sin escribir aquí, eso no quiere decir que no lo he hecho. ¿Qué me ha pasado? Porque he dejado olvidada esta pequeña página personal e impersonal.
No es que la haya olvidado ni mucho menos que la haya abandonado, pero en estos meses y en todo el año que ya se ha cerrado, me ha pasado algo muy interesante, bello y doloroso.

Me ha pasado la vida.

Cuando más me sentía estancada y llena mierda, cuando los últimos rayos de esperanza están a punto de esfumarse, fue cuando decidí vivirla.

¿Qué es la puta vida? Pues soy relativamente joven para darle un significado, muchos dirán estúpida e ingenua. Pero puedo decir en pocas palabras que la vida es libertad, sin ataduras imaginarias que nosotros mismos nos inventamos, sin responsabilidades idiotizantes que nos ganamos al madurar.

En un año me ha pasado la vida, deje la pequeña niña inocente en el pasado, pero esta esta tan enganchada en mí que aún está presente. Crecí, madure y al hacerlo volví a la niñez, cuan felices éramos cuando nuestra única preocupación era ser felices.

Aprendí que los amigos no juzgan, están para compartir una botella de whisky y no para juzgar tus actos estúpidos.  Están para ayudar y para para decirte no lo hagas y aun así están ahí, para cuando te equivocas. Pero nunca te dan la espalda.  Somos estúpidos por naturaleza, tendemos a cometer errores, uno tras otro y otro ¿Y qué? La vida sería demasiado aburrida sin esos errores.


Me he equivocado, he sufrido y llorado, pero nunca me he arrepentido de lo logrado. Cambie de escuela, profesión, amigos. Abandone mi casa para encontrarme a mí misma.

Me aleje de la comodidad de un hogar, para encontrarme una casa vacía que en estos momentos es más mi hogar que cualquiera que hubiera tenido algún día.

Comprendí que al perder, he ganado.

Conocí a demasiadas personas, muchas desaparecieron con el tiempo y  pocas se convirtieron en personas para toda la vida.

Aprendí que la amistad entre un hombre y una mujer, es la cosa más maravillosa que puede haber y si existe, aunque muchos piensen que no.

Mi cuerpo está marcado, y soy infinitamente feliz con ello y más al saber que las personas más importantes no me abandonan en mis estúpidas y alocadas ideas.

No importa el dinero, con él se consiguen cosas muy buenas, pero si no tienes una buena compañía, puedes tener la mejor botella y no sabrá igual que si la compartes con amigos.

Te das cuenta que vives dentro de una burbuja y cuando conoces el mundo esta se revienta y te revela todo lo que tiene escondido y esperando a ser descubiertos.

Las cosas malas, las cuales siempre te han dicho que son malas y prohibidas son atractivas, te das cuenta que muchas veces la curiosidad es más grande que tu sentido de responsabilidad.
Pintura de Paola Maulén http://arteocultomadrid.com/artistas/paola-mauln

La edad es algo muy relativo, me he dado cuenta que no son más que números, puedes encontrar personas mayores comportándose como niños y menores comportándose como adultos.

Y me he rodeado de ambos, menores a montones y mayores igualmente. ¿Y que comparto con ellos? ¿Aspiraciones? ¿Vocación? ¿Empleo? ¿Metas? No nada de eso, lo único que compartimos es el deseo irrefrenable de vivir.


La vida, esa pequeña cosa insignificante que dejamos para después, eso es lo que me ha pasado. He estado tan ocupada viviéndola, disfrutándola, lejos de una computadora, lejos de una habitación encerrada, que no había tenido tiempo de compartirlo.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Cambios




Hace tiempo que no escribo, la persona que escribió antes, no es la misma que es ahora, han pasado meses, he tomado buenas y malas decisiones y al final de cuentas no me arrepiento de nada.

Esa es una regla general en mi vida, no arrepentirte nunca de nada de lo que hagas.

A través de los días y de las circunstancias he madurado, pero al mismo tiempo he vuelto a las pequeñas raíces de mi cerebro, a esos pequeños brotes de idiotez juvenil que había dejado desde antes de germinar, y eso es bueno, de que sirve una vida aburrida y relativamente perfecta si no tiene un poco de adrenalina con la cual jugar.

Pase de maestra a aprendiz en situaciones que creí nunca vivir, nunca es tarde para cometer estupideces, la vida es un continuo caminar y yo he decidido ir lentamente, disfrutar el andar, pero también tomar las pendientes y bajarlas a mil por hora, de esos pequeños juegos de andar se conforma la vida.

He cambiado demasiado, y con ello han cambiado mis amistades, algunas se perdieron, otras se ganaron y unas cuantas más se fortalecieron. El mundo está lleno de gente falsa, personas que solo están contigo en tus mejores momentos, y cuando todo parece ser una mierda desaparecen, ni modo, los que importan son los que en verdad se quedan.

Soy quien soy, siempre seré la loca fananina, muchos no lo comprenden o no lo quieren comprender,  pero en mi esta esa escritora, amante de los libros, que busca vivir al máximo, cometer muchos errores.


 La vida es demasiado corta como para tomar precauciones para llegar a una edad que nadie quiere llegar, así que eso quiero hoy vivir, disfrutar y ser feliz.

martes, 8 de julio de 2014

Vivir













La vida es lo que ocurre mientras nos ocupamos de planes futuristas, de problemas que ni siquiera se han formado, de una vida que ni siquiera existe. Pero en nuestra mente esa es la vida que anhelamos, y mientras sufrimos y lloriqueamos por esa vida utópica que no está, sucede la real. La fugaz y frágil vida que se pierde en el aletear de un colibrí.

Así que nos ocupamos de problemas insignificantes, sin sabes que aunque lo hagamos o no, estos se arreglarán y si no, de todas maneras habrá una manera de que ese problema quede o resuelto o dejado en el pasado.

La puerta ambarina de las decisiones que tomamos siempre estará abierta, cerrada o entreabierta, depende cómo la quieras ver y tocar. Nunca hay que arrepentirse de las decisiones que se tomen, sean buenas, sean malas, son tuyas, exclusivamente tuyas.

Las consecuencias siempre son presentes, tal vez en unos días que se ven lejanos, otras tantas te pisan los talones y te duelen como una estocada en el corazón, pero a fin de cuentas, son tan tuyas como lo es la sangre que recorre tus venas. Amalas u ódialas, pero no las dejes de lado, cuando menos las sientas presentes es cuando te golpearan en la cara. No las abandones, son rencorosas.

La vida sigue, la vida no para,  continua a paso lento y decidido, vas creciendo, vas madurando (relativamente), vez con los mismos ojos, pero estos ya no ven lo mismo, llegas a un punto en el que te das cuenta que siempre has hecho lo que los demás quieren, una marioneta de la porquería de sociedad. Llegas a ese punto en el debes hacer lo que quieres, lo que dicta tu corazón o tu mente, o simplemente lo que ellos te dicen exactamente que no hagas.

La adrenalina del momento jacta tus decisiones, esa sensación recorrer cada fibra de tu cuerpo, cuando haces lo prohibido, lo oscuro, lo pervertido, lo mal visto y saber con certeza que por primera vez en tu vida eres libre y te vale mierda lo que piensen los demás. Total es tu vida, tú la vives no ellos.

Como vivir siempre a la luz, a lo bueno, a lo amable, sin conocer el fondo, , el placer de tocar lo prohibido. Como querer seguir cuando ni siquiera puedes distinguir lo bueno y lo malo, de tanto tiempo que pasaste en lo puritano.

El alma es algo tan fácil de corromper, es más bella un alma corrompida, impura con matices luminosos de una bondad que existe realmente, que se siente, que a pesar de que está llena de tanta mierda, brilla y con más ganas. Que un alma pura (relativamente) llena de luz, sin matices, sin un brillo fugaz que la haga más bella, que simplemente está ahí, sin estar, sin vivir.

Mi camino, mis decisiones, mis consecuencias, mi vida y al final de cuentas, sea lo que sea que realice en ella, no saldré bien parada de ella, pero más vale decir que viví a morir, a que solo sobreviví eso años llevando una bella vida sin vida.

viernes, 14 de marzo de 2014

Luz













Hace tiempo que no subo una entrada, eso no quiere decir que no haya escrito nada, simplemente que las ultimas semanas estuve alejada de Internet, de mi vida como la conocía hasta hace poco, y ha habido algunos cambios grandes y pequeños en lo concerniente a mi existencia.

Algunas de mis tardes se han desvanecido rápidamente mientras pasaba el tiempo en la biblioteca y tengo algunos libros por leer, aun no he leído Legado (la verdad, tengo miedo de leer como terminará una saga de libros con la cual crecí y medio madure).

Tengo un auto nuevo, bueno relativamente es nuevo para mí, es un Sentra 96 y fue amor a primera vista. Tengo una debilidad por los autos.

Comencé a escribir una historia, espero que llegue a novela algún día. Como la mayoría de las cosas que escribo, ésta nació de un loco y raro sueño de los que tengo continuamente. Desperté y me puse a escribir como loca para que las ideas no se perdieran. Cuando esa historia que revolotea en mi cabeza sea puesta totalmente en papel se las mostraré, es un proyecto nuevo e interesante para mí, nunca había escrito nada de ese estilo.

Aunque he escrito continuamente en mi diario, también ahí hubo una pausa, muchos  días termino agotada y se me olvida o no siento las ganas de escribir. Odio escribir obligada, así que mejor no lo hago.
Pero bueno, la vida es para disfrutarla, cansarse, descansar y ser feliz.
Les compartiré este pequeño escrito que se encuentra en alguna página de mi diario, fue escrito el 7 de febrero de este año a las 9:58 pm (mi manía de tener fecha).


Luz


La cálida luz atraviesa mis pestañas, quiere llegar a mis ojos, pero mis parpados permanecen cerrados.

Siento el calor en mi cuerpo, mi piel sensible la acepta gustosa. Pero aún así mis parpados se niegan a abrirse.

Calienta un poco y un poco más, es agradable, mi boca se entreabre lentamente y siento la calidez adentrándose en mí.

 El respirar se hace más largo y profundo, a mis pulmones les gusta ese calor intermitente.

 Pero mis ojos se niegan a ver más allá de la penumbra rojiza que ofrecen los párpados. Pareciera que esa luz se une poco a poco con mi ser, y ese poco a poco se descubre como una danza de sensaciones y emociones, nunca antes tan juntas, como en esos momentos.

La curiosidad atrae a mis ojos, los oídos escuchan susurros provenientes de la luz, son incomprensibles y aun así, son tan calmantes y agraciados, pequeñas vocecillas dotadas de una belleza sin igual. Y mis rebeldes ojos sienten una curiosidad inmensa.

En un instante vago, mis parpados dejan de luchar y se abren absolutamente, la luz me ciega, una luz que todo fulmina y hasta ese momento de claridad inmensa, cuando mis ojos se han acostumbrado a la luz cegante es cuando me doy cuenta de que ya no respiro más.

jueves, 23 de enero de 2014

Jugando a vivir


Caminaba despacio, la luna y sus compañeras iluminaban mi camino, mis pasos eran lentos, las estrellas distraían mi andar, la noche me cobijaba tiernamente haciéndome sentir segura. No había mentira más grande que esa ¿Quien podría estar seguro? Mientras mis pensamientos divagaban, se frenaron instantáneamente en lo que siempre intentaba bloquear.

Es mejor no tener a nadie, por que cuando los tienes y los pierdes tu mundo se desmorona. Ya había puesto una pistola en mi cabeza alguna vez, deseosa de apretar el gatillo y que mis sesos volaran y se desparramaran y con ellos el dolor fulminante que sentía por perder a las personas que más quería. Pero no, no lo pude hacer, Andy me encontró en el preciso momento en que me disponía a realizarlo, me quito el arma de mis manos y me dijo que no fuera estúpida, que me necesitaba, que aún había esperanza (triste mentira). Mí querida Andy tan positiva y alegre hasta en el momento de tu muerte, como extraño tus locuras y tonterías. Yo quería morir, yo debería haber muerto, pero no, la vida es una trágica comedia que juega con nosotros a su placer y antojo.

Deje de ver la luna, acelere mi andar no quería morir esa noche, no después de haberme permitido  recordar lo que más daño me hace y lo que me mantiene aún con vida.

A lo lejos se escucharon los gritos de los malditos seres putrefactos que siguen a cualquier cosa que se mueva, así que evite hacer el menor ruido posible y llegue al edificio donde me esperaban, con mucho sigilo, me aventure por la única puerta que no se encontraba bloqueada y al entrar los chicos pusieron una varilla de metal para que ya nada pudiera entrar. Les entregue las pocas cosas útiles que había encontrado, cada día era más difícil conseguir algo de comer y eso más el estrés que vivíamos diariamente estaba haciendo que todos nuestros rostros y cuerpos parecieran más viejos de lo que eran en realidad.

Éramos un grupo pequeño compuesto de un hombre de unos 30 años con su pequeña hija de 6 años, un adolescente que creía que podía hacer todo mejor que nadie (como se equivocaba), y una señora de 40 años que era la que hacía que mantuviéramos la poca cordura que nos quedaba. Y estaba yo la loca psicópata que perdió a su mejor amiga, lo último que le quedaba y lo que le daba esperanza.

La mayoría de las veces yo salía a buscar los víveres, no me quedaba algo por lo que vivir y si no volvía a nadie le importaría, Ana necesitaba a su padre así que yo no permitía que él me acompañara  en mis expediciones y Daniel era demasiado estúpido y joven, una vez me acompaño y casi acaba siendo la cena de los malditos zombis. Y Laura nunca me lo ha pedido así que yo nunca le he dicho nada.

En este chiste barato de lo que fue el mundo, yo estoy sola, fingimos estar unidos por el deseo de vivir  pero no es así, seguimos juntos por conveniencia, alguien solo allá afuera no va a terminar siendo carnada para la maldita escoria que recorre las calles, va a ser aniquilada por los recuerdos de lo que fue y de lo que perdió y así solo va ir directo y sin prejuicios a los brazos dichosos de la bendita y gloriosa muerte. Hace tiempo yo ya habría corrido a esos brazos que tanto anhelo.

Andy y yo nos encargábamos de proporcionar lo que necesitara nuestro pequeño grupo, un día de aquellos, de esos días buenos que había entre toda la mierda que vivíamos, nos encontrábamos en una pequeña ciudad y para nuestra sorpresa cerca de la ciudad había una feria de esas que cuando niñas, veíamos ir y venir de nuestra ciudad, así que sin pensarlo (si lo hubiéramos pensado nunca hubiéramos ido) nos dirigimos hacía ella, la tarde estaba muriendo y con ella la reinante oscuridad se iba acercando.

Al llegar solo nos cercioramos superficialmente si no había un muerto viviente caminando entre las atracciones, y como no lo encontramos nos sentimos con toda la libertad de vagar libres por lo que un día había traído felicidad a los niños. En las atracciones se había detenido el tiempo, aun había muñecos de peluche en algunas carpas, donde algún caballero habría jugado hasta ganarse uno para su amada.

Andy estaba tan feliz, sonreía como si nunca hubiera pasado nada, como si no hubiera perdido a sus hermanos, como si no hubiera dolor en su corazón, yo lo intentaba de verdad, pero cada vez que yo sonreía sentía una punzada de dolor en mi pecho, porque no pude proteger a mi pequeño hermano, el debería estar disfrutando esta feria y no yo, mi vida se componía de sufrimiento y de remordimientos, mientras que Andy lo había dejado atrás o lo sabía ocultar muy bien.

Andy seguía jugueteando por todos lados así que yo me dedique a buscar cosas que nos pudieran servir, había varias casas rodantes así que me dirigí a la más cercana, al entrar sentí un nudo en el estómago, en esa pequeña casa rodante había juguetes en el suelo, unos dibujos en el frigorífico y lo que me impacto fue ver el cuerpo putrefacto de un niño en los brazos de lo que quedaba de su madre, habían sido atacados y lo último que hizo la mujer fue abrazar a su hijo con fuerza y nunca lo soltó, ya no quise seguir revisando nada, con un día que no lleváramos nada no se iba a acabar el mundo.

Salí  rápidamente, solo quería encontrar a Andy para irnos, los últimos rayos de luz ya habían desaparecido y muy pronto habría una oscuridad absoluta y nos tendríamos que quedar a dormir ahí y yo no quería eso.

Iba tan ensimismada en mis pensamientos que no me di cuenta que ya no éramos las únicas ahí, al escuchar los ruidos provenientes que se acercaban detrás de mí, di la vuelta y vi lo que menos me quería encontrar en ese momento, busque el cuchillo de caza que siempre traía en mis manos y las encontré vacías, se me había quedado en la maldita casa rodante a la que había entrado así que saque la pistola que traía en el bolsillo y disparé. Algunos  trozos putrefactos cayeron en mí, pero ya acostumbrada a eso no le tome importancia.

Esas cosas nunca andan solas, así que debía haber más, cuando vislumbre a Andy vi en sus ojos que no era la única que se había topado con un zombi, intente correr hacia ella (estúpido de mi parte), solo nos separaban 20 metros y se me hizo tan fácil llegar a ella, que cuando uno salió de mi lado derecho por la máquina de algodón de azúcar me sorprendió totalmente que no tuve tiempo de reaccionar y la pistola cayo de mis manos, el maldito come sesos, en vida había sido alto y corpulento así que no pude quitármelo de encima, al caer mis manos estaban ocupadas evitando que esa cosa  me encajara los dientes  así que mi cabeza dio con una roca, quede aturdida por un momento y sentí que el fin había llegado. Mis manos fueron cediendo aceptando la penosa muerte.

Un disparo rugió en el aire y el zombi que tenia encima se derrumbo y otra vez quede cubierta de porquería y de mi propia sangre. Pesaba mucho y no podía quitármelo, Andy se fue acercando a ayudarme, pero en eso aparecieron otros  tantos y no la veían a ella, la sangre que emanaba de mi cabeza les llamaba, ahí estaba yo, indefensa, desarmada y atrapada por el putrefacto cuerpo de uno de ellos. A Andy no le importo y sin dudarlo tomo su cuchillo y se hizo un corte largo en el brazo, la sangre empezó a emanar con más rapidez que la mía, pero aun así me seguían viendo a mí, Andy se volvió a hacer otro corte mientras caminaba hacia mí y en su cara solo había determinación.

Los malditos monstruos la vieron a ella, yo luchaba por no perder la conciencia, mis lagrimas rodaban por mis mejilla sucias, grite y apenas salió un susurro de mi boca, no teníamos municiones por eso cargábamos cuchillos, pero con cuchillos no se puede luchar con muchos a la vez y Andy lo sabía, disparo sus últimas balas y tres de ellos cayeron al suelo, pero no fue suficiente aun quedaban cinco, luche por quitarme el cuerpo inerte que me encarcelaba, pero mis fuerzas no eran muchas, me sentía impotente, Andy estaba luchando por su vida, uno más había caído y  otro había perdido los dedos de la mano que le quedaba, Andy estaba sangrando, no podía luchar por mucho tiempo, su dolor era mi dolor, lo sentía en carne propia, al fin pude liberarme, me levante mareada y corrí por la pistola que se me había caído, la tome entre mis manos, pero era demasiado tarde, los gritos desgarradores de Andy penetraron en mis oídos, disparé, fueron cayendo los putrefactos y despreciables cuerpos que yo tanto odiaba, Andy yacía en el suelo, yo seguí disparando hasta que ya no tenía ni una sola bala, no me importo quedarme sin nada, no me importo si estaba sangrando, no me importo si moría por mi estupidez.

Corrí hacia Andy, ella aun estaba viva, con el cabello sucio en la cara, llena de sangre por todos lados, se desangraba, se moría y la habían mordido no una vez si no muchas veces y todo por mi culpa. La aleje arrastrándola de los cuerpos de sus agresores, me senté junto a ella y no sabía qué hacer, era yo la que debería estar tirada en el suelo y se lo dije, ella me sonrió y me hizo prometerle que seguiría viviendo, que no me preocupara, que estaba feliz, y en un susurro me pidió lo que yo le hubiera pedido a ella. Y sus ojos verdes perdieron la luz.

En su pistola quedaba una munición  ella sabía que no lo iba a lograr así que la dejo, me pidió que le dispara ya que no quería convertirse en un muerto viviente. No me podía quedar ahí, si quería cumplir con su promesa. Cerré sus ojos que tanto tiempo me habían hecho seguir adelante, como lo iba a lograr ahora que estaba completamente sola, quite el cabello de su cara y en el centro de la frente puse el arma y después de respirar profundamente disparé, me salpique de sangre y no importo, deje su cuerpo que ya no era más que eso, un cuerpo, y me dirigí a la casa rodante donde se encontraba el cuerpo del niño y su madre y me encerré hasta que el sol salió.

Que sencillo era perderse en los recuerdos, todos estaban dormidos  y nadie se dio cuenta cuando una de las ventanas cedió a los golpes y el deseo de carne de los zombis. Yo me encontraba más cercana a la ventana y siempre que intentaba conciliar el sueño lo hacía con mi 9 mm a la mano, fui la primera en darse cuenta y con un grito desperté a los demás, rápidamente tomaron sus armas, pero los zombis eran muchos, así que les indique que se fueran, no querían pero les dije que tenían que sobrevivir  que enseguida los acompañaría.


Ya estaba decidido ya había vivido suficiente por Andy, ahora me tocaba morir por mí y lo haría de la misma manera que Andy lo había hecho. Ahora si tenía municiones no como la ultima vez, en mi mente volvieron recuerdos buenos, antes de que todo se saliera de control, cuando me molestaba llevar a mi hermano a la escuela y a él la tarea, cuando iba a comer con Andy y con mis otros amigos, seguía disparando en un frenesí caótico, pero aunque tenía municiones las balas no eran ilimitadas, un zombi al que creía haber acabado me tomo por sorpresa y encajo los dientes en mi pierna desnuda, grite de dolor y en ese momento otro más me tomo por el brazo, sabía que no saldría viva de ahí, mis células dolían, dolía todo el cuerpo, el cambio era inminente y no sabía cómo carajos Andy me había conseguido sonreír en esos momentos, sabía que si salía caminando seria como una de esas asquerosas criaturas, así que prefería morir por mis propios métodos, me quedaba muy poco tiempo como humana así que coloque la pistola en mi sien y con la ultima munición restante, apreté el gatillo. Ahora no había nadie que me detuviera pero estaba lista para irme de este infierno en el que se había convertido el mundo.