Caminaba
despacio, la luna y sus compañeras iluminaban mi camino, mis pasos eran lentos,
las estrellas distraían mi andar, la noche me cobijaba tiernamente haciéndome
sentir segura. No había mentira más grande que esa ¿Quien podría estar seguro?
Mientras mis pensamientos divagaban, se frenaron instantáneamente en lo que
siempre intentaba bloquear.
Es mejor no
tener a nadie, por que cuando los tienes y los pierdes tu mundo se desmorona.
Ya había puesto una pistola en mi cabeza alguna vez, deseosa de apretar el
gatillo y que mis sesos volaran y se desparramaran y con ellos el dolor
fulminante que sentía por perder a las personas que más quería. Pero no, no lo
pude hacer, Andy me encontró en el preciso momento en que me disponía a
realizarlo, me quito el arma de mis manos y me dijo que no fuera estúpida, que
me necesitaba, que aún había esperanza (triste mentira). Mí querida Andy tan
positiva y alegre hasta en el momento de tu muerte, como extraño tus locuras y tonterías.
Yo quería morir, yo debería haber muerto, pero no, la vida es una trágica
comedia que juega con nosotros a su placer y antojo.
Deje de ver la
luna, acelere mi andar no quería morir esa noche, no después de haberme
permitido recordar lo que más daño me
hace y lo que me mantiene aún con vida.
A lo lejos se
escucharon los gritos de los malditos seres putrefactos que siguen a cualquier
cosa que se mueva, así que evite hacer el menor ruido posible y llegue al
edificio donde me esperaban, con mucho sigilo, me aventure por la única puerta
que no se encontraba bloqueada y al entrar los chicos pusieron una varilla de
metal para que ya nada pudiera entrar. Les entregue las pocas cosas útiles que
había encontrado, cada día era más difícil conseguir algo de comer y eso más el
estrés que vivíamos diariamente estaba haciendo que todos nuestros rostros y
cuerpos parecieran más viejos de lo que eran en realidad.
Éramos un grupo
pequeño compuesto de un hombre de unos 30 años con su pequeña hija de 6 años, un
adolescente que creía que podía hacer todo mejor que nadie (como se
equivocaba), y una señora de 40 años que era la que hacía que mantuviéramos la
poca cordura que nos quedaba. Y estaba yo la loca psicópata que perdió a su
mejor amiga, lo último que le quedaba y lo que le daba esperanza.
La mayoría de
las veces yo salía a buscar los víveres, no me quedaba algo por lo que vivir y
si no volvía a nadie le importaría, Ana necesitaba a su padre así que yo no permitía
que él me acompañara en mis expediciones
y Daniel era demasiado estúpido y joven, una vez me acompaño y casi acaba
siendo la cena de los malditos zombis. Y Laura nunca me lo ha pedido así que yo
nunca le he dicho nada.
En este chiste
barato de lo que fue el mundo, yo estoy sola, fingimos estar unidos por el
deseo de vivir pero no es así, seguimos
juntos por conveniencia, alguien solo allá afuera no va a terminar siendo
carnada para la maldita escoria que recorre las calles, va a ser aniquilada por
los recuerdos de lo que fue y de lo que perdió y así solo va ir directo y sin
prejuicios a los brazos dichosos de la bendita y gloriosa muerte. Hace tiempo
yo ya habría corrido a esos brazos que tanto anhelo.
Andy y yo nos encargábamos de proporcionar lo
que necesitara nuestro pequeño grupo, un día de aquellos, de esos días buenos
que había entre toda la mierda que vivíamos, nos encontrábamos en una pequeña
ciudad y para nuestra sorpresa cerca de la ciudad había una feria de esas que
cuando niñas, veíamos ir y venir de nuestra ciudad, así que sin pensarlo (si lo
hubiéramos pensado nunca hubiéramos ido) nos dirigimos hacía ella, la tarde
estaba muriendo y con ella la reinante oscuridad se iba acercando.
Al llegar solo
nos cercioramos superficialmente si no había un muerto viviente caminando entre
las atracciones, y como no lo encontramos nos sentimos con toda la libertad de
vagar libres por lo que un día había traído felicidad a los niños. En las atracciones
se había detenido el tiempo, aun había muñecos de peluche en algunas carpas,
donde algún caballero habría jugado hasta ganarse uno para su amada.
Andy estaba tan
feliz, sonreía como si nunca hubiera pasado nada, como si no hubiera perdido a
sus hermanos, como si no hubiera dolor en su corazón, yo lo intentaba de
verdad, pero cada vez que yo sonreía sentía una punzada de dolor en mi pecho,
porque no pude proteger a mi pequeño hermano, el debería estar disfrutando esta
feria y no yo, mi vida se componía de sufrimiento y de remordimientos, mientras
que Andy lo había dejado atrás o lo sabía ocultar muy bien.
Andy seguía
jugueteando por todos lados así que yo me dedique a buscar cosas que nos
pudieran servir, había varias casas rodantes así que me dirigí a la más
cercana, al entrar sentí un nudo en el estómago, en esa pequeña casa rodante
había juguetes en el suelo, unos dibujos en el frigorífico y lo que me impacto fue
ver el cuerpo putrefacto de un niño en los brazos de lo que quedaba de su
madre, habían sido atacados y lo último que hizo la mujer fue abrazar a su hijo
con fuerza y nunca lo soltó, ya no quise seguir revisando nada, con un día que
no lleváramos nada no se iba a acabar el mundo.
Salí rápidamente, solo quería encontrar a Andy
para irnos, los últimos rayos de luz ya habían desaparecido y muy pronto habría
una oscuridad absoluta y nos tendríamos que quedar a dormir ahí y yo no quería
eso.
Iba tan
ensimismada en mis pensamientos que no me di cuenta que ya no éramos las únicas
ahí, al escuchar los ruidos provenientes que se acercaban detrás de mí, di la
vuelta y vi lo que menos me quería encontrar en ese momento, busque el cuchillo
de caza que siempre traía en mis manos y las encontré vacías, se me había
quedado en la maldita casa rodante a la que había entrado así que saque la
pistola que traía en el bolsillo y disparé. Algunos trozos putrefactos cayeron en mí, pero ya
acostumbrada a eso no le tome importancia.
Esas cosas nunca
andan solas, así que debía haber más, cuando vislumbre a Andy vi en sus ojos
que no era la única que se había topado con un zombi, intente correr hacia ella
(estúpido de mi parte), solo nos separaban 20 metros y se me hizo tan fácil
llegar a ella, que cuando uno salió de mi lado derecho por la máquina de
algodón de azúcar me sorprendió totalmente que no tuve tiempo de reaccionar y
la pistola cayo de mis manos, el maldito come sesos, en vida había sido alto y
corpulento así que no pude quitármelo de encima, al caer mis manos estaban
ocupadas evitando que esa cosa me
encajara los dientes así que mi cabeza
dio con una roca, quede aturdida por un momento y sentí que el fin había
llegado. Mis manos fueron cediendo aceptando la penosa muerte.
Un disparo rugió
en el aire y el zombi que tenia encima se derrumbo y otra vez quede cubierta de
porquería y de mi propia sangre. Pesaba mucho y no podía quitármelo, Andy se
fue acercando a ayudarme, pero en eso aparecieron otros tantos y no la veían a ella, la sangre que
emanaba de mi cabeza les llamaba, ahí estaba yo, indefensa, desarmada y
atrapada por el putrefacto cuerpo de uno de ellos. A Andy no le importo y sin
dudarlo tomo su cuchillo y se hizo un corte largo en el brazo, la sangre empezó
a emanar con más rapidez que la mía, pero aun así me seguían viendo a mí, Andy
se volvió a hacer otro corte mientras caminaba hacia mí y en su cara solo había
determinación.
Los malditos
monstruos la vieron a ella, yo luchaba por no perder la conciencia, mis
lagrimas rodaban por mis mejilla sucias, grite y apenas salió un susurro de mi
boca, no teníamos municiones por eso cargábamos cuchillos, pero con cuchillos
no se puede luchar con muchos a la vez y Andy lo sabía, disparo sus últimas
balas y tres de ellos cayeron al suelo, pero no fue suficiente aun quedaban
cinco, luche por quitarme el cuerpo inerte que me encarcelaba, pero mis fuerzas
no eran muchas, me sentía impotente, Andy estaba luchando por su vida, uno más
había caído y otro había perdido los
dedos de la mano que le quedaba, Andy estaba sangrando, no podía luchar por
mucho tiempo, su dolor era mi dolor, lo sentía en carne propia, al fin pude
liberarme, me levante mareada y corrí por la pistola que se me había caído, la
tome entre mis manos, pero era demasiado tarde, los gritos desgarradores de
Andy penetraron en mis oídos, disparé, fueron cayendo los putrefactos y
despreciables cuerpos que yo tanto odiaba, Andy yacía en el suelo, yo seguí
disparando hasta que ya no tenía ni una sola bala, no me importo quedarme sin
nada, no me importo si estaba sangrando, no me importo si moría por mi
estupidez.
Corrí hacia
Andy, ella aun estaba viva, con el cabello sucio en la cara, llena de sangre
por todos lados, se desangraba, se moría y la habían mordido no una vez si no
muchas veces y todo por mi culpa. La aleje arrastrándola de los cuerpos de sus
agresores, me senté junto a ella y no sabía qué hacer, era yo la que debería estar
tirada en el suelo y se lo dije, ella me sonrió y me hizo prometerle que
seguiría viviendo, que no me preocupara, que estaba feliz, y en un susurro me
pidió lo que yo le hubiera pedido a ella. Y sus ojos verdes perdieron la luz.
En su pistola
quedaba una munición ella sabía que no
lo iba a lograr así que la dejo, me pidió que le dispara ya que no quería
convertirse en un muerto viviente. No me podía quedar ahí, si quería cumplir
con su promesa. Cerré sus ojos que tanto tiempo me habían hecho seguir
adelante, como lo iba a lograr ahora que estaba completamente sola, quite el
cabello de su cara y en el centro de la frente puse el arma y después de
respirar profundamente disparé, me salpique de sangre y no importo, deje su
cuerpo que ya no era más que eso, un cuerpo, y me dirigí a la casa rodante
donde se encontraba el cuerpo del niño y su madre y me encerré hasta que el sol
salió.
Que sencillo era
perderse en los recuerdos, todos estaban dormidos y nadie se dio cuenta cuando una de las
ventanas cedió a los golpes y el deseo de carne de los zombis. Yo me encontraba
más cercana a la ventana y siempre que intentaba conciliar el sueño lo hacía
con mi 9 mm a la mano, fui la primera en darse cuenta y con un grito desperté a
los demás, rápidamente tomaron sus armas, pero los zombis eran muchos, así que
les indique que se fueran, no querían pero les dije que tenían que
sobrevivir que enseguida los
acompañaría.
Ya estaba decidido ya había vivido suficiente
por Andy, ahora me tocaba morir por mí y lo haría de la misma manera que Andy
lo había hecho. Ahora si tenía municiones no como la ultima vez, en mi mente
volvieron recuerdos buenos, antes de que todo se saliera de control, cuando me
molestaba llevar a mi hermano a la escuela y a él la tarea, cuando iba a comer
con Andy y con mis otros amigos, seguía disparando en un frenesí caótico, pero
aunque tenía municiones las balas no eran ilimitadas, un zombi al que creía
haber acabado me tomo por sorpresa y encajo los dientes en mi pierna desnuda,
grite de dolor y en ese momento otro más me tomo por el brazo, sabía que no
saldría viva de ahí, mis células dolían, dolía todo el cuerpo, el cambio era
inminente y no sabía cómo carajos Andy me había conseguido sonreír en esos
momentos, sabía que si salía caminando seria como una de esas asquerosas
criaturas, así que prefería morir por mis propios métodos, me quedaba muy poco
tiempo como humana así que coloque la pistola en mi sien y con la ultima munición
restante, apreté el gatillo. Ahora no había nadie que me detuviera pero estaba
lista para irme de este infierno en el que se había convertido el mundo.

