viernes, 14 de marzo de 2014

Luz













Hace tiempo que no subo una entrada, eso no quiere decir que no haya escrito nada, simplemente que las ultimas semanas estuve alejada de Internet, de mi vida como la conocía hasta hace poco, y ha habido algunos cambios grandes y pequeños en lo concerniente a mi existencia.

Algunas de mis tardes se han desvanecido rápidamente mientras pasaba el tiempo en la biblioteca y tengo algunos libros por leer, aun no he leído Legado (la verdad, tengo miedo de leer como terminará una saga de libros con la cual crecí y medio madure).

Tengo un auto nuevo, bueno relativamente es nuevo para mí, es un Sentra 96 y fue amor a primera vista. Tengo una debilidad por los autos.

Comencé a escribir una historia, espero que llegue a novela algún día. Como la mayoría de las cosas que escribo, ésta nació de un loco y raro sueño de los que tengo continuamente. Desperté y me puse a escribir como loca para que las ideas no se perdieran. Cuando esa historia que revolotea en mi cabeza sea puesta totalmente en papel se las mostraré, es un proyecto nuevo e interesante para mí, nunca había escrito nada de ese estilo.

Aunque he escrito continuamente en mi diario, también ahí hubo una pausa, muchos  días termino agotada y se me olvida o no siento las ganas de escribir. Odio escribir obligada, así que mejor no lo hago.
Pero bueno, la vida es para disfrutarla, cansarse, descansar y ser feliz.
Les compartiré este pequeño escrito que se encuentra en alguna página de mi diario, fue escrito el 7 de febrero de este año a las 9:58 pm (mi manía de tener fecha).


Luz


La cálida luz atraviesa mis pestañas, quiere llegar a mis ojos, pero mis parpados permanecen cerrados.

Siento el calor en mi cuerpo, mi piel sensible la acepta gustosa. Pero aún así mis parpados se niegan a abrirse.

Calienta un poco y un poco más, es agradable, mi boca se entreabre lentamente y siento la calidez adentrándose en mí.

 El respirar se hace más largo y profundo, a mis pulmones les gusta ese calor intermitente.

 Pero mis ojos se niegan a ver más allá de la penumbra rojiza que ofrecen los párpados. Pareciera que esa luz se une poco a poco con mi ser, y ese poco a poco se descubre como una danza de sensaciones y emociones, nunca antes tan juntas, como en esos momentos.

La curiosidad atrae a mis ojos, los oídos escuchan susurros provenientes de la luz, son incomprensibles y aun así, son tan calmantes y agraciados, pequeñas vocecillas dotadas de una belleza sin igual. Y mis rebeldes ojos sienten una curiosidad inmensa.

En un instante vago, mis parpados dejan de luchar y se abren absolutamente, la luz me ciega, una luz que todo fulmina y hasta ese momento de claridad inmensa, cuando mis ojos se han acostumbrado a la luz cegante es cuando me doy cuenta de que ya no respiro más.