Después de las fiestas familiares, el recalentado que aun
existe en mi casa y todo lo que falta por comernos, por fin pude ver a mis
amigas. Es interesante ver como ellas cambian, como tú cambias, como cambian
las circunstancias en las que nos encontramos y a pesar de todo, se siente como
hace 3 años cuando conocí a esas locas que se convertirían en algo esencial en
mi vida. Después de un par de tequilas las risas no se hicieron esperar (como
si necesitáramos alcohol para reírnos de cualquier cosa), pero bueno la noche,
la madrugada tuvo giros inesperados, descubres que adoras a tus amigas y que
las niñas están creciendo, madurando y sin que te des cuenta, tú con ellas.
Después de un día de descanso (que lo necesitaba demasiado),
he decidido acompañar mi noche con un viejo amigo, hace tanto que no lo tocaba,
ni siquiera lo había vuelvo a ver desde hace mucho tiempo.
Eragon de Christopher Paolini, mi libro tiene la portada
de la película, mi mamá me lo compro
hace unos años ya que se encontraba en oferta, recuerdo que costo menos
de 70 pesos. Quién diría que me iba a enamorar de ese libro, y tiempo después yo me compraría los siguientes.
Comenzaré a leer Eragon ya que después de esperar con
ansías, mis papás me regalaron el último libro de la saga, es un libro con un
precio elevado tomando en cuenta que es del mismo tamaño que los otros y el
precio es casi el doble. Bueno, me dieron el dinero para que yo lo comprara y
espero que pronto llegue a mis manos.
Quiero recordar, vivir y disfrutar su lectura, recordar a
quien odio y a quien quiero en esas hojas amarillas y viejas.
Una amiga me regalo la Enciclopedia de el Legado, y
agradezco tanto ese detalle y sé que lo disfrutare ahora que lea el último
libro.
La vida da muchas vueltas y cuando menos te lo esperas, es
cuando toma un rumbo que no creías que iba a tomar hasta dentro de unos años,
pero bueno, los cambios son para mejorar y si no de los errores se aprende.
Tenemos que ser felices mientras nuestros pies estén tocando
la tierra que nos sostiene.