Estaba sentada en la entrada de un paraíso, cuando
de pronto un fuerte resplandor ilumino el cielo y a continuación oscureció todo
lo que me rodeaba, el estruendo que vino enseguida hizo que me cubriera los
oídos.
A continuación todo el mundo se vino abajo, todo lo
que conocía y todo en lo que creía no existía mas, cuando mas miraba, mis ojos
se iban llenado de lagrimas, mis preciados días en lo que tomar el Sol o mirar
las estrellas a la luz de la luna se habían acabado.
En estos momentos lo único importante era mantenerse
con vida, sentía que caminaba en un abismo, pero si se detenían mis piernas un
momento a pensar si lo hacían en la dirección correcta, tal vez no volverían a
tomar el curso, donde se encontraba la luna ahora se encuentra solo una mancha
oscura y uniforme que juega a ser la luna, pero siempre, siempre sale perdiendo
y nunca logra el hermoso brillo y luminosidad que refleja la luna sin ningún
esfuerzo.
Pasaron años, siglos o milenios no lo sé, aquí el
tiempo no existe, aquí no se ve su paso, consigo se ha llevado mi cuerpo, primero los dedos desaparecieron después un brazo hasta que no quedo nada de mí, estaba feliz, al fin se acabaría
mi sufrimiento dejaría de existir si es que existía y consigo dejaría de
sufrir.
Pero no, el maldito universo confabulo contra mí y ahora que nada queda
de mi mente, alma o como lo quieran llamar sigue presente y sigo sintiendo el
sufrimiento no físicamente pero sigue ahí. ¿Por qué si mis piernas se fueron no
se llevaron consigo el cansancio de caminar tanto tiempo?
Esto es cruel. Mi mente está cansada, quiero cerrar
los ojos pero no los tengo, quiero escuchar y no escuchar pero no cuento
con oídos. No sé lo que soy, ni sé donde estoy.
Estoy tan cansada, cuando empiezo a ver un punto de
luz a lo lejos, es un pequeño punto, no tengo ojos pero veo es algo impresionante,
la primera muestra de que sigo existiendo. Lo sigo sin saber cómo, ya que no
cuento extremidades para moverme. Poco a poco el punto se va haciendo más
grande mi vista esta tan desacostumbrada a la luz que me quema, pero aún así la
sigo, tal vez sea el fin de mi tormento.
Por fin llego ahora la luz blanca me ciega
completamente ya no veo más el abismo, ya no hay nada oscuro junto a mí. Mi
vista se acostumbra a la luz y por fin veo algo maravilloso, es un hombre, un
poco obeso y con una camisa morada, a su alrededor hay muchas cajas el come un
sándwich mientras bebe un refresco sentado en una de ellas, está solo y parece
molesto. Le quiero preguntar que le sucede y saber si lo puedo ayudar en algo,
pero aunque escucho mis propias palabras el no las escucha, ni si quiera sabe
que estoy ahí.
Termina de comer y se dispone a continuar su
trabajo, se dirige hacia mi, estoy tan
feliz tal vez ya se dio cuenta de que estoy ahí. Pero no, no sabe ni siquiera
que existió, toma algo, creo que a mí y su mundo se mueve y el mío se balancea
al compás de su andar.
Salimos por
una puerta y nos dirigimos hacia una pared atrás de un mostrador. El me cuelga y
se va a continuar su trabajo. Es una
pequeña tienda de antigüedades, hay muchas cosas, en el mostrador hay cajas de
madera que sirven como joyeros, hay muebles antiguos y unas muñecas de
porcelana. Es fantástica esta tienda, también hay relojes de pared, hay pulseras, libros, cajas de música, pinturas y muchas cosas más.
Enfrente de mi
esta la puerta de entrada de la tienda, afuera se ve una calle, gente
caminando y un lindo parque. El cielo se ve azul, no es tan lindo como lo
recordaba pero aun así es bonito. Hay algunos autos estacionados y un perro va
cruzando la calle.
Un joven alto y moreno con una camisa a cuadros
entra y se dirige a mí.
-Que bello espejo, espero y no se venda tan pronto,
me gustaría conservarlo un rato- Sonríe para sí mismo y se dispone a ayudar al
otro señor a desempaquetar las cajas que faltan.
Así que soy un espejo, como rayos llegue a ser un
espejo, que yo recuerde no era un espejo, era una persona o algo así, vivía en
el mundo, era diferente pero era el mundo, podía llorar, respirar y sonreír
como el señor. ¡Por que ahora soy un “lindo” espejo!
¿Como sucedió?, siento los sollozos en una parte de mí,
grito y me desgarro, siento las lagrimas desbordarse, pero no hay por donde
salir y el dolor poco a poco se funde en el centro de lo que queda de mí y ahí
explota. Parece que no pasa nada, soy la única presente en mi dolor y eso duele
aun más.
Prefería el abismo que la cruda realidad al menos
ahí no podía ver lo que me estaba perdiendo. Me muestran la vida, pero me
privan de ella.
Aquí el tiempo ya es calculable, el día pasó y la
noche llego con su velo oscuro. El lindo señor se llama Harrison lo descubrí
mientras el otro señor se despedía de él. Esta cerrando la tienda y después de
un día de trabajo se dispone a ir a su casa.
La noche pasa lentamente, solo algún auto pasa por
la madrugada, todo duerme, mientras yo no puedo, la mañana llega con su preciosa luz,
poco a poco todo vuelve a la vida y cuando los relojes dan las 10 Harrison abre
la puerta y cambia el cartel a abierto.
Llega sonriente, este señor me cae bien le ve el
lado positivo a las cosas. La mañana pasa sin ningún cliente, Harrison acomoda
algunas cosas y las limpia para que se vean, no porque sean antigüedades tienen
que tener una capa de polvo.
Un señor entra a la tienda y mira con detenimiento
todas las cosas. Es viejo y utiliza un bastón para caminar, viste a la moda de
antes y el poco cabello que le queda es grisáceo.
-Buenas tardes señor, ¿Busca algo en especial?- Le
pregunta Harrison son su blanca sonrisa
-Buenas tardes, este mmm busco algo para mi esposa,
va a ser nuestro aniversario y le quiero regalar algo hermoso, pero no sé muy
bien que le podría gustar- La voz del señor está cansada, los años no pasaron
en balde y en él han dejado muchas huellas.
-Tengo pinturas hermosas, que les encanta a las
mujeres, o que tal una joya- Le dijo señalando algunos artículos.
-Vera señor, discúlpeme pero soy viejo y ya no
trabajo, mi pensión es muy poca y no cuento con tanto dinero como el valor
de esos hermosos artículos que me dice
¿No tendrá algo más económico?- El señor estaba apenado y las palabras salieron
atropelladamente de sus labios.
-No se apure, tengo algo fantástico que le encantará a
su esposa, esta es una cajita de madera de hace más de 80 años, se conserva muy
bien y dicen que es mágica, si la quiere se la puedo dejar más barata.- Saca la
pequeña caja de debajo del mostrador, cabía en una sola mano, era linda, pero
no hermosa ni majestuosa.
El anciano la observo detenidamente y sus ojos
mostraron que no le convencía, pero de todas formas accedió ya que no podría
comprar otra cosa a ese precio.
-¿Cuando es el aniversario?, se la puedo envolver y
dejarla lista para regalar puede pasar por ella cuando guste.- Tal vez fue mi a figuración pero los ojos de Harrison mostraban unas oscuras intenciones.
- Es pasado mañana, si gusta mañana paso por ella a
las 11 primero le daré el regalo y luego disfrutaremos de nuestro día- El viejo
sonrió, faltaban algunos dientes pero aun así su sonrisa hace que le
devolvieras una.
- Entonces mañana a las 11 estará lista- El señor
pagó, se despidió y se fue un poco triste, esperaba regalarle algo más lindo a
su esposa.
Como me gustaría poder ayudar a ese señor para que
le pudiera regalar a su esposa lo que quisiera.
Algunas veces entraban personas solo a mirar, una
vez entro una mujer con su hija de 5 años, la niña estaba mirando una muñeca y
se le antojo tomarla entre sus manos, como me gustaría ser como la niña, joven
dulce e inocente. La tomo y como sus manos aun son muy pequeñas se le resbalo y
la delicada muñeca se rompió en muchos pedazos.
La señora se negó a pagar a Harrison porque decía
que las muñecas no deberían estar al alcance de los niños ya que son delicadas.
Harrison algunas veces era demasiado bueno, temo que quiebre el negocio.
La señora le grito a
la pequeña y así salió de la tienda continuando gritando, y la subió a
golpes al auto, que por ciento traía una camioneta último modelo y no pudo pagar una muñeca. La pobre niña
lloraba y la señora gritaba, algunas veces los adultos son tan idiotas para darse
cuenta que ellos son los que cometen los errores. La niña no tiro por sí sola
la muñeca, ya que la señora la sacudió para que la siguiera y con esto la niña
no pudo tomar bien la muñeca entre sus brazos y cayó al suelo.
Creo que aquí soy la única que se da cuenta de todo,
soy la gran espectadora, crítica y cronista de lo que sucede, pero no se lo
puedo mostrar a nadie ya que soy un simple "lindo espejo" en la pared de
una tienda.
De vez en cuando la gente se para frente a mí, se
acomodan el cabello, se ponen brillo o simplemente se observan, y con eso me
observan a mí sin darse cuenta.
Ya son las seis y Harrison cambio el letrero a cerrado,
pero él no se va, esta raro así que veré que hace. Saco la cajita del señor la
limpio muy bien, y la ha perfumado con esencia de jazmín, entre sus manos trae
una linda cadena de plata con un pequeño dije en forma de corazón que dice“tú
y yo por siempre”.
Wow este hombre a parte de guapo es fantástico, si
que vamos a quebrar y yo parare de nuevo en una caja a oscuras. La ha puesto en
la cajita y ahora está la ha enredado en papel celofán con un listón rojo. La pequeña
nota dice” Con todo mi cariño de Richard para Susan”.
Se mira en mí,
es una rutina que hace siempre antes de irse, apaga la luz y ahora me he quedado
sola. En estos momentos es cuando más reflexiono, sobre si me pude convertir en esto, tiene que haber alguna forma de volver a ser humana, pero no sé cómo. Tal vez si
el espejo se rompe, el hechizo o lo que sea como me convertí en esto también se
rompa, pero si no quedare destruida para siempre.
Hay tantas ventajas y desventajas de ese plan, mi
otro plan es buscar a un persona que se fije en mí, no como un espejo si no en
mi, en mi alma o mi mente. Pero sus inconvenientes es que yo no puedo salir a
buscar a esa persona, tendría que esperar a que esa persona viniera por mí, pero
también mi otro plan, ¿cómo haría que me rompieran?
Algunos rayos de la luna me llegan, pero peor
es nada, Me gustaría dormir, pero no puedo o no sé cómo se duerme aquí, se
supone que soy un espejo, los espejos no tienen vida ¿Y si las demás cosas también
tienen vida? ¿O si todo esto es un sueño?
Creo que sería un sueño demasiado largo, así que
mejor intentare hablarle a las demás cosas.
-¡Hola! ¿Alguien tiene vida por aquí? ¿Señor reloj
me escucha?-
Creo que me estoy volviendo loca. Y así pase la
noche divagando entre temas triviales hasta que por fin llego el amanecer.
Harrison se ha vuelto mi entrada al mundo como
persona, el es el único que me debe quebrar, el único en el que confió. Cambio
el cartel como de costumbre, limpio algunas cosas y ahora se puso a leer un
viejo libro. Con lentes se ve más lindo. En que estoy pensando soy un espejo,
pero bueno soy un espejo con alma de mujer. En qué cosas me meto.
Son las doce y media y el señor de la cajita no ha
venido. Tal vez se le hizo tarde. Hoy entro un señor como de cuarenta años,
parece que aun trae la pijama, pero no importa aunque se ve excéntrico se ve
agradable, sus grandes lentes no me permiten apreciar sus ojos. Yo creo que los
ojos son la ventana al alma, (o sea que yo no tengo entrada a mi alma o tal
vez si y la entrada a mi alma sea el espejo), y es en lo primero que me fijo de
las personas que desfilan por aquí.
-Mucho gusto me llamo Augusto y soy escritor, estoy
escribiendo una novela fantástica y cuando estaba sentado frente a mi escritorio
me ha venido la idea de que si tengo muebles antiguos la inspiración llegara
con mayor facilidad y la podre transmitir más rápido al papel- Habla como si
fuera a perder el avión.
- Hola, tengo un escritorio de roble que data de
finales del siglo XIX y tengo una silla a juego ¿Quiere pasar a verlos, están
en la bodega? son un poco caros pero valen la pena- Harrison hizo ademan para
que pasara.
-Así está bien, prefiero que sean una sorpresa, los
quiero mañana en mi casa, aquí tiene- Y le entrega un papel con su dirección y una tarjeta de
crédito. Harrison la pasa y se la
entrega.
-Mañana a la una los muebles estarán en su casa- Sonrió
como siempre
-Está bien, nos vemos mañana- Y el escritor salió
rápidamente de la tienda.
-Fantástico, hoy tuvimos una gran venta.- A Harrison
se le da mucho eso de hablar consigo mismo en voz alta.
Ya son las cinco y muy pronto cerraremos y el
anciano no ha venido por su regalo, tal vez se le olvido. En ese preciso instante la puerta de la tienda se abrió
y una señora de avanzada edad en silla de ruedas entro con su acompañante. Sus
ojos además de mostrar la sabiduría de la edad, mostraban un dolor
inescrutable, que me desgarraron el alma y si hubiera tenido ojos hubiera
llorado y hasta que no saliera ni una sola gota, esos ojos me conmovieron mas y
me dolieron aun mas que mi tiempo en el abismo, no había lagrimas es sus ojos,
pero aun así sabia que se estaba muriendo por dentro.
Su acompañante era una joven mujer con uniforme de
enfermera. Ella si tenía los ojos rojos por haber llorado algún rato.
-Buenas tardes joven, mi esposo me dijo que había
dejado algo aquí para mi, me dijo que era bello, pero que eso no mostraba ni un
poco todo el amor que sentía por mí, me dijo que cada vez que la viera lo
recordara y con ellos todo el amor y todos los años que compartimos juntos.- Su
voz era áspera y apenas entendible, los años habían acabado con ella
físicamente, las arrugas de la cara eran tantas
y sus manos temblaban aunque estuvieran apoyadas en su regazo.
-Hola Susan, mucho gusto es verdad el me dejo algo
para usted, pero me dijo que lo recogería temprano, ¿Ha pasado algo? - La voz de
Harrison sonó preocupada. La enfermera puso sus manos en los hombros de Susan.
-Mi esposo fue la persona más importante en mi
vida, ayer regreso después de ir a caminar un rato, supongo que vino aquí, me
acompaño a cenar y nos acostamos a dormir, hoy en la mañana lo iba a despertar
con un pequeño beso en la frente, pero él estaba frio y no despertó, murió
mientras dormía y aunque no pudimos festejar este años nuestro aniversario se
que muy pronto lo volveré a ver, la noche anterior me dijo que me tenía un
regalo y que hoy vendríamos por el , no pudimos hacerlo juntos pero yo
he venido.-
Harrison solo sonrió y antes de entregarle la
pequeña caja le quito el papel celofán y se la entrego, la señora la miro con
detenimiento y la abrió, adentro estaba el collar y el papel que había escrito Harrison.
-Joven, soy vieja y no veo bien me podría leer esta
carta y decirme que dice el collar- Se la devolvió.
- El collar dice “Tu y yo por siempre” y la carta
dice así “Yo Richard prometí amarte por siempre hasta que la muerte nos
separara, hoy lo ha hecho pero jamás te dejare
hasta el día en que te reúnas conmigo, siempre estaré contigo, Te amo Susan”- La
enfermera observo la carta.
-Es la letra de Richard, Susan- Estaba sorprendida.
- Yo había escrito otra cosa, pero dicen que esta
caja es mágica y aquí está la prueba, lo siento mucho Susan y espero que te haya
gustado.- Harrison también estaba sorprendido.
-Muchas gracias joven, mi esposo y yo no tenemos
dinero, solo nuestro hijo le paga a la enfermera para que nos cuide y el vendió
un reloj que fue de su padre para darme este obsequio, muchas gracias-
Ahí se le quebró la voz y se dispusieron a irse.
- Una cosa antes de irnos, ese espejo también es mágico,
yo que tu lo tendría en un mejor lugar, hasta luego- Me señalo a mí y se fueron.
Todo eso paso frente a mí, y aunque me sentí
destrozada fue lo más parecido a sentirme viva en los últimos tiempos. Harrison
cambio el cartel a cerrado, se miro en mi apago las luces y antes de cerrar se
devolvió por que se le olvido el libro que estaba leyendo, me miro y me cogió,
esta es mi oportunidad de ser libre, que feliz soy.
Me empezó a mover para ver si el espejo también lo hacía,
grite hice todo pero nada resulto. Llegamos a su auto y me puso debajo del
brazo derecho para abrir la cajuela, la abrió y coloco otras cosas que traía en
las manos, la cajuela se quiso cerrar y para no golpearse la tomo con las dos
manos y en ese momento yo caí al suelo.
La caída fue majestuosa, caí rápidamente y la sensación
de ser libre llego tan rápido que me sentí extasiada, cuando una esquina del
arco de mi espejo toco el duro concreto, mi mundo se vino abajo, no era la libertad
tan deseada que anhelaba pero al final de cuentas era mi libertad, era mi muerte, con cada trozo que se rompía
mi alma ardía y se extinguía, no había brazos con los que aferrarse, no había
lagrimas sollozantes era yo la mujer y el espejo éramos uno mismo, si uno perecía el otro también, y lo comprendí
demasiado tarde tal vez fue lo mejor, la vida de un espejo no era lo mío.
Así que mi libertad fue mi muerte, dulce y esperada
pero funesta.