Los días pasan rápidamente, siento que estoy navegando sin
un rumbo fijo, y me gusta, me gusta sentir esa libertad, no sentir ataduras,
ser totalmente libre y feliz.
Las horas han cambiado, mi rutina ha muerto, cada día es una
nueva experiencia, cada amanecer es fresco. No hay horas de llegada, no hay
horas de partir, no hay un horario fijo y estricto, no hay nada que seguir.
Los días no significan nada, sin importar si es lunes o
viernes se disfrutan igual, en compañía de
mis amigos y en compañía de mi soledad.
Ya me aburrí del tedio, de la tranquilidad. De perseguir
mierdas que todo el mundo sigue. De continuar mi vida como cuando andamos por
un camino que impusimos nosotros mismos a capricho de la sociedad. Cuanto
andamos vagabundeando por algo que creemos lo mejor. Y no.
Nos equivocamos. Al andar caminos andados, al seguir una
senda pisoteada por tantos y comprendemos que es algo aburrido y escrupuloso.
Mejor es tomar lo incierto, no seguir, mejor hacer nuestro
propio camino, dificultar con la maraña de espinas, flores y mierda que
encontremos, descubrir lo bello que hay después de dejar tanto polvo atrás. El
amanecer es para mirarlo, no para soñarlo. Asa es la vida, es para vivirla, no
para soñarla.
Aprendí que tengo que cometer tantos errores como tanto
quiera conocer, las personas llegan, se quedan, viven, respiran contigo. Son
parte de ti, son parte de vivir.
Muchas veces el camino que queremos continuar se vuelve
doloroso, hiriente, te saca llagas punzantes y ya no quieres andar, pero debes
de aprender que hay que parar, descansar un momento y continuar, nunca deshacer
el camino andado. Las heridas sanan.
Tic, tac. Se dice que el tiempo es lo más preciado que
tenemos y por ello mismo no se debe de desperdiciar. Pero, el tiempo, ese goteo
constante de vida derramándose es lo que más se debe de desperdiciar.
Hay que perder tiempo y mucho, es tanto y tan poco el tiempo
que se nos ofrece, que no debemos dudar en ningún momento de su desperdicio.
Hay que despilfarrarlo a caudales con amigos, con familia,
con un buen libro, conduciendo, haciendo
cosas apasionantes y llenas de vida. Porque
así al perder el tiempo en ello, te darás cuenta, ya cuando tu piel muestre unas arrugas y tu
cabello sea blanco, que todo ese tiempo malgastado en tonterías, era en
realidad tú, viviendo.
Vivir para morir, eso es lo que hacemos sin darnos cuenta, a
todos nos llega nuestra hora a todos nos tocará pudrirnos bajo tierra y que
mejor que estar consciente de ello, para así disfrutar esas horas perdidas, de
esas horas malgastadas en las que te dedicaste a vivir.
