jueves, 23 de enero de 2014

Jugando a vivir


Caminaba despacio, la luna y sus compañeras iluminaban mi camino, mis pasos eran lentos, las estrellas distraían mi andar, la noche me cobijaba tiernamente haciéndome sentir segura. No había mentira más grande que esa ¿Quien podría estar seguro? Mientras mis pensamientos divagaban, se frenaron instantáneamente en lo que siempre intentaba bloquear.

Es mejor no tener a nadie, por que cuando los tienes y los pierdes tu mundo se desmorona. Ya había puesto una pistola en mi cabeza alguna vez, deseosa de apretar el gatillo y que mis sesos volaran y se desparramaran y con ellos el dolor fulminante que sentía por perder a las personas que más quería. Pero no, no lo pude hacer, Andy me encontró en el preciso momento en que me disponía a realizarlo, me quito el arma de mis manos y me dijo que no fuera estúpida, que me necesitaba, que aún había esperanza (triste mentira). Mí querida Andy tan positiva y alegre hasta en el momento de tu muerte, como extraño tus locuras y tonterías. Yo quería morir, yo debería haber muerto, pero no, la vida es una trágica comedia que juega con nosotros a su placer y antojo.

Deje de ver la luna, acelere mi andar no quería morir esa noche, no después de haberme permitido  recordar lo que más daño me hace y lo que me mantiene aún con vida.

A lo lejos se escucharon los gritos de los malditos seres putrefactos que siguen a cualquier cosa que se mueva, así que evite hacer el menor ruido posible y llegue al edificio donde me esperaban, con mucho sigilo, me aventure por la única puerta que no se encontraba bloqueada y al entrar los chicos pusieron una varilla de metal para que ya nada pudiera entrar. Les entregue las pocas cosas útiles que había encontrado, cada día era más difícil conseguir algo de comer y eso más el estrés que vivíamos diariamente estaba haciendo que todos nuestros rostros y cuerpos parecieran más viejos de lo que eran en realidad.

Éramos un grupo pequeño compuesto de un hombre de unos 30 años con su pequeña hija de 6 años, un adolescente que creía que podía hacer todo mejor que nadie (como se equivocaba), y una señora de 40 años que era la que hacía que mantuviéramos la poca cordura que nos quedaba. Y estaba yo la loca psicópata que perdió a su mejor amiga, lo último que le quedaba y lo que le daba esperanza.

La mayoría de las veces yo salía a buscar los víveres, no me quedaba algo por lo que vivir y si no volvía a nadie le importaría, Ana necesitaba a su padre así que yo no permitía que él me acompañara  en mis expediciones y Daniel era demasiado estúpido y joven, una vez me acompaño y casi acaba siendo la cena de los malditos zombis. Y Laura nunca me lo ha pedido así que yo nunca le he dicho nada.

En este chiste barato de lo que fue el mundo, yo estoy sola, fingimos estar unidos por el deseo de vivir  pero no es así, seguimos juntos por conveniencia, alguien solo allá afuera no va a terminar siendo carnada para la maldita escoria que recorre las calles, va a ser aniquilada por los recuerdos de lo que fue y de lo que perdió y así solo va ir directo y sin prejuicios a los brazos dichosos de la bendita y gloriosa muerte. Hace tiempo yo ya habría corrido a esos brazos que tanto anhelo.

Andy y yo nos encargábamos de proporcionar lo que necesitara nuestro pequeño grupo, un día de aquellos, de esos días buenos que había entre toda la mierda que vivíamos, nos encontrábamos en una pequeña ciudad y para nuestra sorpresa cerca de la ciudad había una feria de esas que cuando niñas, veíamos ir y venir de nuestra ciudad, así que sin pensarlo (si lo hubiéramos pensado nunca hubiéramos ido) nos dirigimos hacía ella, la tarde estaba muriendo y con ella la reinante oscuridad se iba acercando.

Al llegar solo nos cercioramos superficialmente si no había un muerto viviente caminando entre las atracciones, y como no lo encontramos nos sentimos con toda la libertad de vagar libres por lo que un día había traído felicidad a los niños. En las atracciones se había detenido el tiempo, aun había muñecos de peluche en algunas carpas, donde algún caballero habría jugado hasta ganarse uno para su amada.

Andy estaba tan feliz, sonreía como si nunca hubiera pasado nada, como si no hubiera perdido a sus hermanos, como si no hubiera dolor en su corazón, yo lo intentaba de verdad, pero cada vez que yo sonreía sentía una punzada de dolor en mi pecho, porque no pude proteger a mi pequeño hermano, el debería estar disfrutando esta feria y no yo, mi vida se componía de sufrimiento y de remordimientos, mientras que Andy lo había dejado atrás o lo sabía ocultar muy bien.

Andy seguía jugueteando por todos lados así que yo me dedique a buscar cosas que nos pudieran servir, había varias casas rodantes así que me dirigí a la más cercana, al entrar sentí un nudo en el estómago, en esa pequeña casa rodante había juguetes en el suelo, unos dibujos en el frigorífico y lo que me impacto fue ver el cuerpo putrefacto de un niño en los brazos de lo que quedaba de su madre, habían sido atacados y lo último que hizo la mujer fue abrazar a su hijo con fuerza y nunca lo soltó, ya no quise seguir revisando nada, con un día que no lleváramos nada no se iba a acabar el mundo.

Salí  rápidamente, solo quería encontrar a Andy para irnos, los últimos rayos de luz ya habían desaparecido y muy pronto habría una oscuridad absoluta y nos tendríamos que quedar a dormir ahí y yo no quería eso.

Iba tan ensimismada en mis pensamientos que no me di cuenta que ya no éramos las únicas ahí, al escuchar los ruidos provenientes que se acercaban detrás de mí, di la vuelta y vi lo que menos me quería encontrar en ese momento, busque el cuchillo de caza que siempre traía en mis manos y las encontré vacías, se me había quedado en la maldita casa rodante a la que había entrado así que saque la pistola que traía en el bolsillo y disparé. Algunos  trozos putrefactos cayeron en mí, pero ya acostumbrada a eso no le tome importancia.

Esas cosas nunca andan solas, así que debía haber más, cuando vislumbre a Andy vi en sus ojos que no era la única que se había topado con un zombi, intente correr hacia ella (estúpido de mi parte), solo nos separaban 20 metros y se me hizo tan fácil llegar a ella, que cuando uno salió de mi lado derecho por la máquina de algodón de azúcar me sorprendió totalmente que no tuve tiempo de reaccionar y la pistola cayo de mis manos, el maldito come sesos, en vida había sido alto y corpulento así que no pude quitármelo de encima, al caer mis manos estaban ocupadas evitando que esa cosa  me encajara los dientes  así que mi cabeza dio con una roca, quede aturdida por un momento y sentí que el fin había llegado. Mis manos fueron cediendo aceptando la penosa muerte.

Un disparo rugió en el aire y el zombi que tenia encima se derrumbo y otra vez quede cubierta de porquería y de mi propia sangre. Pesaba mucho y no podía quitármelo, Andy se fue acercando a ayudarme, pero en eso aparecieron otros  tantos y no la veían a ella, la sangre que emanaba de mi cabeza les llamaba, ahí estaba yo, indefensa, desarmada y atrapada por el putrefacto cuerpo de uno de ellos. A Andy no le importo y sin dudarlo tomo su cuchillo y se hizo un corte largo en el brazo, la sangre empezó a emanar con más rapidez que la mía, pero aun así me seguían viendo a mí, Andy se volvió a hacer otro corte mientras caminaba hacia mí y en su cara solo había determinación.

Los malditos monstruos la vieron a ella, yo luchaba por no perder la conciencia, mis lagrimas rodaban por mis mejilla sucias, grite y apenas salió un susurro de mi boca, no teníamos municiones por eso cargábamos cuchillos, pero con cuchillos no se puede luchar con muchos a la vez y Andy lo sabía, disparo sus últimas balas y tres de ellos cayeron al suelo, pero no fue suficiente aun quedaban cinco, luche por quitarme el cuerpo inerte que me encarcelaba, pero mis fuerzas no eran muchas, me sentía impotente, Andy estaba luchando por su vida, uno más había caído y  otro había perdido los dedos de la mano que le quedaba, Andy estaba sangrando, no podía luchar por mucho tiempo, su dolor era mi dolor, lo sentía en carne propia, al fin pude liberarme, me levante mareada y corrí por la pistola que se me había caído, la tome entre mis manos, pero era demasiado tarde, los gritos desgarradores de Andy penetraron en mis oídos, disparé, fueron cayendo los putrefactos y despreciables cuerpos que yo tanto odiaba, Andy yacía en el suelo, yo seguí disparando hasta que ya no tenía ni una sola bala, no me importo quedarme sin nada, no me importo si estaba sangrando, no me importo si moría por mi estupidez.

Corrí hacia Andy, ella aun estaba viva, con el cabello sucio en la cara, llena de sangre por todos lados, se desangraba, se moría y la habían mordido no una vez si no muchas veces y todo por mi culpa. La aleje arrastrándola de los cuerpos de sus agresores, me senté junto a ella y no sabía qué hacer, era yo la que debería estar tirada en el suelo y se lo dije, ella me sonrió y me hizo prometerle que seguiría viviendo, que no me preocupara, que estaba feliz, y en un susurro me pidió lo que yo le hubiera pedido a ella. Y sus ojos verdes perdieron la luz.

En su pistola quedaba una munición  ella sabía que no lo iba a lograr así que la dejo, me pidió que le dispara ya que no quería convertirse en un muerto viviente. No me podía quedar ahí, si quería cumplir con su promesa. Cerré sus ojos que tanto tiempo me habían hecho seguir adelante, como lo iba a lograr ahora que estaba completamente sola, quite el cabello de su cara y en el centro de la frente puse el arma y después de respirar profundamente disparé, me salpique de sangre y no importo, deje su cuerpo que ya no era más que eso, un cuerpo, y me dirigí a la casa rodante donde se encontraba el cuerpo del niño y su madre y me encerré hasta que el sol salió.

Que sencillo era perderse en los recuerdos, todos estaban dormidos  y nadie se dio cuenta cuando una de las ventanas cedió a los golpes y el deseo de carne de los zombis. Yo me encontraba más cercana a la ventana y siempre que intentaba conciliar el sueño lo hacía con mi 9 mm a la mano, fui la primera en darse cuenta y con un grito desperté a los demás, rápidamente tomaron sus armas, pero los zombis eran muchos, así que les indique que se fueran, no querían pero les dije que tenían que sobrevivir  que enseguida los acompañaría.


Ya estaba decidido ya había vivido suficiente por Andy, ahora me tocaba morir por mí y lo haría de la misma manera que Andy lo había hecho. Ahora si tenía municiones no como la ultima vez, en mi mente volvieron recuerdos buenos, antes de que todo se saliera de control, cuando me molestaba llevar a mi hermano a la escuela y a él la tarea, cuando iba a comer con Andy y con mis otros amigos, seguía disparando en un frenesí caótico, pero aunque tenía municiones las balas no eran ilimitadas, un zombi al que creía haber acabado me tomo por sorpresa y encajo los dientes en mi pierna desnuda, grite de dolor y en ese momento otro más me tomo por el brazo, sabía que no saldría viva de ahí, mis células dolían, dolía todo el cuerpo, el cambio era inminente y no sabía cómo carajos Andy me había conseguido sonreír en esos momentos, sabía que si salía caminando seria como una de esas asquerosas criaturas, así que prefería morir por mis propios métodos, me quedaba muy poco tiempo como humana así que coloque la pistola en mi sien y con la ultima munición restante, apreté el gatillo. Ahora no había nadie que me detuviera pero estaba lista para irme de este infierno en el que se había convertido el mundo.

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